Francisco Araiza, tenor y Rogelio Riojas-Nolasco, pianista
Novena entrega
Álamos, Sonora, México, 26 de enero de 2008.- Con la novena noche de gala realizada en el Palacio Municipal de Álamos, concluyó la edición 2008 (la número 24) del Festival Dr. Alfonso Ortiz Tirado. Primero, la ceremonia oficial de clausura, que tuvo como centro la entrega de la Medalla Dr. Alfonso Ortiz Tirado al insigne tenor mexicano Francisco Araiza. Una vez concluido el protocolo, el festival se clausuró musicalmente con un recital del propio Araiza, quien acompañado del pianista Rogelio Riojas-Nolasco ofreció una auténtica cátedra de canto.
Para iniciar, ofreció un grupo de canciones de concierto y un aria operística de Wolfgang Amadeus Mozart, en las que demostró por qué es considerado uno de los máximos intérpretes de la música del compositor de Salzburgo. Con el estilo justo, la claridad necesaria y la intención adecuada, Araiza permitió al público percibir la engañosa facilidad de la música de Mozart, que en realidad es la música más difícil de interpretar correctamente.
El segundo tercio del recital de Francisco Araiza estuvo dedicado a otra vertiente (muy distinta, por cierto) de la música alemana, a través de las Canciones de Wesendonck de Richard Wagner. Aquí, para marcar con toda claridad el contraste necesario, Araiza utilizó un canto más profundo, más meditativo, de una expresividad más romántica, apoyado en su resultado general en una cabal comprensión de las difíciles armonías propuestas por Wagner. En este ámbito, el gran tenor mexicano supo recordarle al público conocedor la cercanía que hay entre estas canciones de Wagner y algunas de las propuestas contenidas en su monumental ópera Tristán e Isolda.
Para concluir con su recital, y como una brillante conclusión del festival, Francisco Araiza cantó un grupo de canciones de Francesco Paolo Tosti, que a la postre se convirtieron en uno de los momentos más interesantes del festival por una razón singular: debido a que varios de los cantantes protagonistas de las anteriores noches de gala habían abordado a Tosti, incluso programando algunas de las mismas canciones, fue posible hacer un breve pero muy útil ejercicio de comparación, que permitió confirmar que si bien algunos de los cantantes tuvieron momentos interesantes en sus respectivas interpretaciones de la música de este compositor, la versión de Araiza destacó por el refinamiento general, por la delicada variedad de matices, por la amplitud del abanico de colores vocales, por la experta dosificación de la pasión y la expresión en cada momento de cada canción.
Puede decirse que la actuación de Francisco Araiza en esta novena noche de gala no sólo dejó un excelente sabor de boca como fin de fiesta y de festival, sino que sin duda representó una sobria y muy necesaria lección de música, que evidentemente fue muy apreciada por el nutrido grupo de jóvenes cantantes que, por fortuna, tuvo la oportunidad de asistir a este recital de clausura. ¿Qué mejor aprendizaje que escuchar cantar a una de nuestras mejores voces?
