Carlos Zapién, tenor y Rogelio Riojas-Nolasco, pianista
Octava entrega
Álamos, Sonora, 25 de enero de 2008 (ISC).- La edición número veinticuatro del Festival Dr. Alfonso Ortiz Tirado se acerca a su fin. La penúltima noche de actividades en el Palacio Municipal de Álamos tuvo un claro sabor local, ya que su protagonista fue un joven tenor sonorense, Carlos Zapién, quien además de ofrecer un interesante recital, fue galardonado con el premio como Revelación Juvenil Sonora 2007. A lo largo del recital cantado por Zapién con el acompañamiento del pianista Rogelio Riojas-Nolasco, fue evidente que el joven músico de Ciudad Obregón está perfectamente consciente del momento de desarrollo por el que atraviesa su voz, ya que el repertorio elegido se ajustó sin dificultades a sus características individuales de color, registro y dinámica. Dicho de otra manera: Carlos Zapién propuso un programa en el que no intentó rebasar las posibilidades actuales de su voz, lo que le permitió transitar con fluidez por el repertorio abordado.
Muy apegado a la línea ya habitual en este 24 FAOT, Zapién inició su recital con un grupo de canciones italianas (Scarlatti, Gluck, Giordani y Bellini) inclinadas sobre todo a una vertiente lírica ligera, sin aproximarse a las profundidades dramáticas o heroicas de otros repertorios de mayor exigencia vocal. En estas canciones, Zapién dio cuenta de una voz dúctil y de buen color, con un timbre educado y transparente. Como continuación de su recital, el tenor sonorense ofreció al público la primera muestra que en este festival se ha escuchado de la gran tradición del lied alemán, al cantar con delicadeza e intención tres de las piezas del ciclo Liederkreis de Robert Schumann, en las que Zapién dejó entrever las benéficas enseñanzas estilísticas de su maestro, Francisco Araiza, gran especialista en este tipo de repertorio.
En la segunda parte del programa, Zapién abordó sin los excesos expresivos que han demeritado algunas interpretaciones de otros participantes en el festival, algunas canciones de Tosti, para concluir con otra bienvenida propuesta musical: canciones españolas y latinoamericanas de concierto. Especialmente atractivas en esta última parte del recital fueron las dos canciones de Joaquín Turina sobre textos de Campoamor, cantadas por Zapién con una discreta coloración popular española, muy de acuerdo con las interesantes armonías planteadas por el compositor en el acompañamiento pianístico. Antes de concluir con una canción de Fernando Obradors, el tenor sonorense ofreció una de las más conocidas entre las delicadas canciones creadas por el compositor argentino Carlos Guastavino, La rosa y el sauce, perfilando correctamente ese carácter expresivo que está a medio camino entre la canción popular y la de concierto. En suma, un recital sobrio, bien realizado, y que hasta el momento representa la única noche de gala en la que un programa de canto de concierto no se convierte en una especie de verbena popular. No faltó entre el público quien se quejara por la falta de complacencias después del programa, pero ciertamente hay que agradecerle a Carlos Zapién, entre otras cosas, haber traído un poco de cordura y estilo a las noches de gala del FAOT.
