Dante Alcalá, tenor y Ángel Rodríguez, pianista

Sexta entrega

Álamos, Sonora, 23 de enero de 2008.- El tenor mexicano Dante Alcalá y el pianista cubano Ángel Rodríguez se encargaron de realizar la sexta noche de gala del FAOT 2008 en Álamos. Muy en la línea de lo que ha ocurrido en otros recitales del festival, la primera parte del programa estuvo dedicada básicamente a fragmentos de ópera y canciones de concierto, mientras que en la segunda el repertorio giró alrededor de la canción de corte más popular, y de la zarzuela. Fue interesante notar que en las primeras piezas del programa, Dante Alcalá privilegió sobre todo sus registros medio y grave, por una parte mostrándolos al público y, por la otra,  preparando su voz para escalar más tarde a otras alturas. En la primera parte del programa resultaron especialmente logradas dos piezas: el aria Pourqoui me reveiller que canta el sufrido joven Werther en la ópera del mismo nombre de de Jules Massenet, y el famoso Lamento de Federico de La arlesiana de Cilea. En ambas, el tenor cantó con el poder necesario y con la expresividad adecuada para comunicar el contenido dramático de los textos. En general, Dante Alcalá logró algo que en otras sesiones del festival no había estado del todo presente, que fue la clara distinción entre la manera de abordar cierto tipo de canción y la manera de cantar las arias operísticas de mayor contenido expresivo.

En la segunda parte del programa, resultó acertada su versión de una canción muy romántica y muy narrativa de Miguel Lerdo de Tejada, seguida de una de las grandes favorita de ese ámbito, No niegues que me quisiste, de Jorge del Moral. Para la última parte de su recital, Dante Alcalá abordó con enjundia un área del repertorio con la que parece tener una clara afinidad, que es la zarzuela, cantando con el necesario tono heroico-romántico sendos números de Jacinto Guerrero y Federico Moreno Torroba, para seguir en esta misma línea en algunas de las piezas que cantó fuera de programa. Para este último tramo de su presentación, el tenor mexicano invitó al público a cantar con él las canciones que se supiera. Por suerte, nadie conocía bien los textos de las canciones, así que Alcalá siguió cantando solo. Fue entonces cuando el público terminó por confundir este recital de festival con una parranda entre cuates y botellas, y comenzó a pedir las infaltables complacencias con gritos destemplados. En la conclusión de la velada, y de manera un tanto forzada, el cantante se sacó de la manga el Cielito lindo que, ahora sí, fue coreado a gritos por el público presente. Hay que decir que en lo musical, la mayor parte del recital de Dante Alcalá transitó con fortuna por sus diversas propuestas de canciones y arias. Sin embargo, no estaría de más cuestionar la conveniencia de permitir, por un malentendido manejo (o manipulación) del público, que un recital de canto se convierta en una tertulia en la que imperan el desorden y la tiranía de los que gritan más fuerte. No se trata, ni mucho menos, de la solemnidad, sino simplemente, de la seriedad.